El diputado Luis Petri, presentó un proyecto de ley para que cada bar, restaurante, drugstore, café, pub, boliche, y negocios que expenden bebidas alcohólicas para consumo personal, tengan la obligación de proporcionar un alcoholímetro a sus clientes.
El medidor de alcohol en sangre debe ser obligatorio para el local comercial pero su uso no resulta obligatorio para los consumidores. Con esta medida se trata de concientizar a la población y, a partir de allí, disminuir los riesgos en las rutas que genera conducir alcoholizado.
Existe en nuestro país la venta de alcoholímetros personales que otorgan la posibilidad de saber qué cantidad de alcohol en sangre tiene una persona que ha bebido y, a partir de esa información, le permite tomar las decisiones como si es conveniente que conduzca o no.
Estos productos poseen diferentes precios y modelos y todos tienen eficacia en el test. Los más económicos salen $ 29 y señalan con una luz verde si el usuario puede manejar. En algunos puntos del país ofrecen alcoholímetros que funcionan a monedas y hasta los alquilan para fiestas.
Conforme a la FITAC en su informe referido al consumo de alcohol, el llamado bebedor social presenta el problema mayor, ya que tiene la idea, equivocada, de que unas copas no deterioran su capacidad en el manejo. Se presenta simplemente alegre o eufórico, sobrestima sus facultades encontrándose inclinado a tomar riesgos innecesarios en momentos en que, en realidad, sus reflejos están disminuidos. Hay muchos factores que influyen en la rápida absorción del alcohol en la corriente sanguínea, como la cantidad de comida inferida, el tipo de comida, la concentración alcohólica de la bebida consumida, la tolerancia individual hacia el alcohol (edad, peso, hábito, etc.), el período de tiempo durante el cual el alcohol ha sido consumido, entro otros.
En el tránsito diario un conductor debe decidir maniobras o reaccionar ante las maniobras de otros conductores cada 20 segundos. En esas circunstancias es esencial la habilidad para dominar el vehículo, el control emocional, la concentración, la coordinación y buen juicio para juzgar la velocidad, la distancia y el tiempo.
El alcohol afecta particularmente el control de los músculos que mueven y enfocan nuestros ojos y en consecuencia la visión que se presenta del camino resulta borrosa y confusa. Además de que reduce el control sobre la luz que entra al ojo, retardando la reacción ante el encandilamiento; también puede ocasionar “nistagmus” lo que significa una oscilación rápida e incontrolada de los globos oculares produciendo visión doble. En tal caso la capacidad para juzgar distancias se reduce.
Nuestro país tiene uno de los índices de mortalidad en rutas más altos del mundo, de estos hechos, muchos se producen porque la persona que conducía un rodado se encuentra en estado de ebriedad. Como sociedad estamos tomando conciencia de que quienes están al frente de un volante tienen un arma en su mano, pero como Estado debemos continuar brindando herramientas para disminuir los lamentables índices de accidentes de tránsito que hay en nuestras vías.
Los fundamentos por lo que se basa el proyecto se sustentan en investigaciones de Luchemos por la vida, y del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.