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Economía

Junio 7, 2010

Los ojos en Sudáfrica: el Mundial en una tierra llena de contrastes

A días de comenzar el Campeonato Mundial de Fútbol, Sudáfrica, el anfitrión en esta oportunidad, se encuentra ante los ojos del mundo entero. El país busca mostrar su mejor rostro frente a la prensa, los fanáticos, y los analistas internacionales. Pero lo primero que se puede decir de esta nación ubicada en el extremo sur del continente africano es que se trata de una tierra llena de contrastes.

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Sudáfrica es considerada, por un lado, como una economía emergente con importantes fuentes de recursos naturales, como son el platino, el oro y el cromo. Las industrias más fuertes, además de la minera, son el ensamblado de automóviles, la textil, metalurgia, maquinaria y siderúrgica, entre otras. Cuenta además con sectores de transporte, energía, telecomunicaciones, legales y financieros bien desarrollados y aporta casi el 40% del PBI del continente.

Este destino se encuentra ubicado a lo largo de una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Durban, Ciudad del Cabo y Puerto Elizabeth son los puertos más importantes. Además, cuenta con tres aeropuertos internacionales y un completo sistema de vías férreas. Para la Argentina, Sudáfrica significa el punto de distribución de los productos nacionales en los países cercanos y un paso estratégico para llegar a los mercados de India y sudeste asiático.

Sin embargo, el 50% de la población sudafricana se encuentra bajo la línea de pobreza, y sólo el 10% de la población más rica se queda con el 45, 9% de los ingresos. El crecimiento no ha sido suficiente como para acabar con el desempleo y todavía padece ciertos problemas heredados de la etapa del apartheid. Los impactantes bolsones de pobreza conviven con fastuosos barrios y sectores enriquecidos por años de explotación de las minas de oro y diamantes. Los organismos internacionales colocan a Sudáfrica, de esta manera, entre los países con mayor desigualdad del mundo. Y la desocupación, en tanto, tiene sus derivados inmediatos, como la criminalidad: sólo el año pasado hubo 50 mil asesinatos en las grandes ciudades. Según Stats South Africa, el 25% de desempleados es, en su mayoría, población negra, que representa el 80% de los casi 50 millones de sudafricanos.

Los problemas pendientes son de una magnitud impactante: el país más desarrollado de África tiene a casi el 25% de la población sin acceso al agua, el 20% no tiene electricidad ni ningún tipo de sistema de comunicaciones, faltan más de dos millones de viviendas y aún mueren más de mil sudafricanos al día por el sida.

El gobierno del Consejo Nacional Africano (CNA), que preside Jacobo Zuma, apuesta a que el Mundial de Fútbol dejará al país unos 1.500 millones de dólares que irán directo a las arcas fiscales, lo que representa algo así como el 0,5% del PIB. Pero el mundial será oportunidad también para que millares de empobrecidos y desempleados habitantes aprovechen para manifestar sus demandas, con la esperanza de ser escuchados por alguien.

La construcción de estadios, alojamientos, mejoramiento de infraestructura y otras actividades preparatorias del evento permitieron que en los dos años pasados casi 700 mil sudafricanos consiguieran empleos directos, aunque actualmente sólo los retengan unos 280 mil trabajadores. Sin embargo esto ayudó a mitigar en algo los impactos de la crisis económica internacional.

Pero el gobierno de Jacobo Zuma, que gobierna Sudáfrica desde el 2009, afronta no sólo problemas económicos, sino también políticos. Acusado de unos 800 casos de corrupción, intenta mantener con mano firme el liderazgo del CNA y para ello cuenta con el respaldo de Mandela en las luchas internas.

Con 69 años, Zuma tiene un estilo autoritario para tomar decisiones y gobernar. De la etnia zulú, es el cuarto mandatario de la democracia multirracial (CNA) que emanó desde el fin del “apartheid”. El “camarada Zuma”, como le gusta ser llamado, tiene ocho esposas y 18 hijos. Cada cierto tiempo aparece involucrado en escándalos sexuales y ha sido acusado de violaciones, incluso por un amigo suyo que lo llevó a la justicia en 2008 por supuestos abusos contra su hija; pero Zuma fue absuelto.

Los cuatro gobiernos del CNA han desmontado la segregación racial, aunque dieron origen a nuevas camadas de ricos, incluidos algunos líderes del propio frente político.

El mayor logro de Mandela durante sus cinco años de gobierno fue lograr la reconciliación entre los sudafricanos. El premio Nobel de la Paz llegó al poder con el 60% de los votos, pero su liderazgo sufrió un desgaste hasta 1996 cuando se separó de su esposa, Winnie Mandela, quien fue condenada ese año por 46 casos de fraudes y robos y hasta fue involucrada en el asesinato de un joven.

Thabo Mbeki sucedió a Mandela en 1998 y aplicó durante sus ocho años de mandato fuertes reformas que abrieron la economía sudafricana a los mercados internacionales y atrajo la inversión extranjera a través de la privatización de los servicios básicos, con lo que dinamizó el crecimiento. En el 2008 fue acusado por el actual Presidente Zuma de instrumentalizar la justicia y dimitió. Mbeki fue reemplazado por Kgalema Motlanthe, quien hizo un breve gobierno de transición y convocó a las elecciones que luego ganó Zuma.

La crisis, como puede notarse, es algo presente en el diario vivir de los sudafricanos, quienes esperan que el Mundial de Fútbol les lleve más prosperidad. Pero la crisis internacional desatada en Wall Street no ha dado tregua y también ha golpeado al megaevento deportivo: de los casi 500 mil visitantes que esperaba Sudáfrica, apenas llegarán unos 200 mil. Ni el Mundial, entonces, mitigará los problemas de los sudafricanos.

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