El gobierno de Celso Jaque y la oposición política de Mendoza están en un momento de quiebre. Definitivamente la situación institucional de nuestra provincia, esa imagen pulcra que recorría los rincones de la Argentina como ejemplo hoy se encuentra atravesando una crisis terminal.
Mendoza esta siendo goleada, un gobierno inactivo desde su cabeza que solo tiene espasmos de actividad en algunos ministros, sumido en una profunda interna que mezcla funcionarios de diversas tendencias, familiares y hasta relaciones personales.
De la vereda de enfrente una oposición, muy similar a una comparsa que agrupa sin ton ni son a un montón de figurantes que dicen acompañar la figura de un dirigente nacional que ya no piensa en Mendoza sino en su propio proyecto personal. Y que al igual que una murga no son capaces de afinar una melodía al unísono para intentar salvar la función.
En este contexto cada actitud de cualquier político, oficialista u opositor, puede ser leída como un paso más hacía la salvación personal, hacia la consolidación de proyectos propios alejados del interés común.
En este contexto cada información es leída como una operación, se tejen acuerdos con medios, políticos, empresarios o amigos que duran lo que dura un billete de 100 pesos en el supermercado ¿Por qué? Simplemente porque cuando la inacción se apodera de la política queda el campo fértil para quines toman la relación con el poder y la política como una interesante unidad de negocios o tabla de salvación propia.
En este contexto la oposición no funciona como una unidad de ideas y criterios como nos quisieron hacer creer en las elecciones de junio, el PD parece estar siempre esperando una oferta para ver si acompaña o no al gobierno y el PJ vive pasándose facturas interpretando que quien piensa o pide acciones para tratar de encarrilar la situación, teniendo n cuenta que ellos fueron los elegidos por los ciudadanos para gobernar, es una especie de traidor que quiere salvarse solo.
Pero si esto no fuera poco, Mendoza hoy vive una situación hasta hace poco tiempo inédita, el fantasma de la corrupción por acción u omisión tanto en oficialismo como oposición se ha instalada en nuestra sociedad con fuerza, algo que hasta hoy no pasaba.
Mendoza se preciaba de respetar las instituciones, de respetar a sus políticos. Ni siquiera en la patética etapa social del “que se vayan todos” Mendoza agredió a sus políticos o instituciones. Hoy es peor aún, mantiene su tradicional respeto y no los agrede, pero les marca una profundo desprecio, una desatención formidable, ya parece que tomo como norma que son un desastre y se transforma en una sociedad que intenta vivir por si misma.
Pero esto implica un riesgo fenomenal, el del paso siguiente, la depreciación de las instituciones.
Legisladores desconocidos, pases de facturas judiciales respondiendo a designios del poder, aprietes entre medios y poderes de ida y vuelta, funcionarios que no se sabe que hacen o dónde están, son simplemente pequeños o grandes ejemplos del abandono al cual los tres poderes de la Constitución nos están sometiendo.
Mendoza esta a punto de dejar de ser Mendoza, esa provincia que brillaba por la limpieza de sus calles y veredas, pero también por su brillo y limpieza institucional.
No es posible pensar que podemos permanecer dos años más en este estado, pero es cierto que hay una sola manera de recuperarnos, confiando una vez más en las autoridades que nosotros mismos elegimos. Pero en este reclamo los ciudadanos debemos entender que nosotros no somos los buenos y ellos los malos. Aquí somos todos malos. Porque en infinidad de oportunidades no ejercemos sabiamente nuestros derechos y damos píe a que nuestros representantes olviden rápidamente a quienes deben rendir cuentas. Hoy hemos llegado a un lugar donde el desafío es para todos. ¿seremos capaces de afrontarlo?