En tiempos de crisis, los chilenos recurren a todo: la bicicleta de los niños, platos, guitarras y hasta viejos violines. Las colocaciones de la Caja de Crédito Prendario ha crecido entre 8% y 10% respecto a 2007.
La Caja de Crédito Prendario -conocida popularmente como la “Tía Rica”- no se echa a morir por los achaques de la edad, pese a sus 78 años a cuestas y a la mentada bancarización de los grupos más pobres.
Las dificultades de acceso al crédito tradicional y los gastos que imponen las fiestas de fin de año hicieron que los chilenos volvieran masivamente a las añosas oficinas de Calle San Pablo para empeñar sus anillos de compromido, violines, saxofones, platos, cubiertos y hasta las bicicletas de los niños.
Sobre el 10%
Susana Mundaca es la Jefa de esta oficina y dice que la actividad se ha dinamizado de manera visible durante los últimos meses. Tanto, que las colocaciones venían creciendo a tasas de entre 8% y 10% respecto a 2007, incluso antes de que se desatara la debacle financiera de septiembre
¿A qué responde este fenómeno?. Primero, a que la “Tía Rica” se hizo más atractiva luego que el monto máximo de crédito pasara de $50 mil a $70 mil; segundo, a que la Navidad es un impulso adicional al endeudamiento y, tercero, a que la crisis económica comienza a dificultar el acceso al financiamiento tradicional.
Además, esta alternativa de financiamiento presenta ventajas considerables en tiempos difíciles: la única exigencia es ser mayor de 18 años y presentar cédula de identidad.
La tasa que se aplica es de 2,5% mensual y los montos de los créditos corresponden al 60% del avalúo de las prendas, con un tope de $70 mil para las joyas y de $ 40 mil para los objetos varios. La duración de estos créditos es de cinco meses más un mes de gracia.
Juvenal Mellado es el custodio de los bienes desde 1985 y asegura que, en todos estos años, ha visto de todo sobre estas polvorientas estanterías: desde violines y saxofones (músicos sin más remedio que postergar sus vocaciones); piezas de marfil y vajillas decoradas con la cara de Napoleón (historiadores y coleccionistas ) y cientos de máquinas cortadoras de jamón (almaceneros agobiados por las deudas).
Con todo, dice que la actividad todavía no llega a los niveles que vio en los años 80, en plena crisis económica. En ese tiempo, dice, había tres pisos repletos de objetos empeñados. Además, los chilenos empeñaban todo, desde las sábanas y hasta los platos. Sólo bastaba que estuvieran limpios y en buen estado.
A remate los morosos
El acceso al crédito tradicional está vetado para miles de chilenos, pese a los innegables avances que exhibe el país en materia de bancarización. En 2007, más de 235 mil personas tuvieron que empeñar sus bienes para salir de apuros. De ellas, el 57% son mujeres.
Monte de Piedad
La historia del crédito prendario está indivisiblemente relacionada con la figura del usurero. Tanto, que algunos gobiernos de la región tienen en la mira a las casas de empeño. El Senado mexicano, por ejemplo, afina un proyecto que fija estrictos límites a las acción de prestamistas privados, pese a que esta figura está muy enraizada en la cultura de ese país.
A estas entidades se les conoce como Pignorantes y se estima que unos 40 millones de mexicanos acuden a ellas. La gran crítica que se hace a estas entidades es la facultad unilateral que tienen de determinar el valor de una prenda.
La idea es entregar el monopolio del crédito prendario al estatal Monte de Piedad, simil de la “Tía Rica” Chilena.