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Diciembre 3, 2008

Argentina no puede combatir la crisis como otros países del mundo

El virus que trajo la debacle mundial se esparce y los países preparan antídotos: bajan tasas de interés para reducir el costo del dinero e impulsar el consumo, devalúan para evitar fuga de divisas e impulsar el comercio y aplican millonarios fondos de rescate. Por qué la Argentina está afuera

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El mundo enfrenta la peor crisis económica desde aquella desatada en 1929. Los analistas coinciden en que el derrumbe financiero está llegando a su fin pero que el impacto sobre la economía real aún no ha tocado su piso y alertan por las secuelas que tendría en los niveles de producción y empleo.
Los gobernantes de las principales economías del mundo lo saben. Y, en base a lo aprendido de la crisis del 30, han lanzado medidas para sostener el consumo y contener el desempleo, que consisten en planes multimillonarios para rescatar bancos, para aumentar el poder adquisitivo de las familias y apuntalar el financiamiento para las empresas.

La Argentina, carente de acceso al financiamiento externo, creó sus propias ”vacunas”. Decidió estatizar las jubilaciones, lanzar una moratoria impositiva, estimular el empleo registrado y repatriar capitales. Además, el Gobierno organiza reuniones con empresarios para contener los despidos y sigue resistiéndose a tomar la medida más solicitada por los industriales, que es la de devaluar.

Para el economista Ricardo Arriazu, la recesión mundial encontrará su piso en el segundo trimestre del año que viene. En este contexto, el Producto Bruto Interno (PBI) argentino crecerá apenas 1% en 2009.

Cuáles son las “vacunas” anticrisis que el Gobierno no puede aplicar
El gran problema de la Argentina para poder seguirle el ritmo a las medidas que adoptan el resto de los países es la falta de financiamiento.

El país no puede darse el lujo de aplicar una política muy expansiva porque no tiene acceso a los mercados voluntarios de deuda, no quiere saber nada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el superávit comercial se deteriora a la par de la desaceleración mundial. La expansión sólo se puede financiar con recursos generados internamente.

Mientras el resto de los países bajan las tasas de interés, recortan los impuestos e incentivan la demanda a través de líneas de crédito creadas especialmente para hacer frente al derrumbe, la Argentina se ve obligada a subir las tasas para retener los capitales, no puede recortar impuestos por la restricción de financiamiento y le falta dinero para reactivar la demanda. El lugar en el mundo y las políticas implementadas hasta ahora marcan sus pasos.

El problema de la devaluación
Pero la Argentina tiene una dificultad adicional: no puede devaluar para hacer más costosa la salida de capitales. El temor que generaría entre los argentinos un dólar más alto, podría provocar una mayor fuga de divisas.

De este modo, los empresarios argentinos enfrentan un problema de competitividad de la mano del tipo de cambio, ya que la moneda local quedó atrasada. Desde principios de septiembre, el peso argentino perdió un 11% de su valor, un nivel considerablemente menor al experimentado por el real brasileño, que cayó 38%, y al de las monedas de otros socios comerciales clave, como México y Chile (ambas con una devaluación del 28 por ciento).

“El mismo proceso de salida de capitales lo sufre Brasil, México y Chile, pero para que la política cambiaria de micro devaluaciones funcione y el Banco Central acumule reservas hay que generar dólares”, explicó el director de la consultora Analytica, Ricardo Delgado. Y ese es hoy el gran problema de la economía argentina, justo en momentos en que el superávit comercial se deteriora por las menores compras externas y los menores precios de los productos de exportación.

Tasas de interés
Además, para contener la salida de capitales, en la Argentina suben las tasas de interés. “El efecto no deseado es que se limita el financiamiento privado”, señáló Delgado.

En el mundo desarrollado apuestan a la medida opuesta: en una acción coordinada, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal (FED), el Banco de Inglaterra y los bancos centrales de Suiza, Suecia y Canadá bajaron las tasas en medio punto porcentual a comienzos de octubre para intentar bajar el costo del dinero y así impulsar el crecimiento.

Política fiscal
En esta línea, para evitar o suavizar el efecto de la crisis sobre el empleo, las economías desarrolladas -Europa, Estados Unidos, Japón- y China aplican paquetes de estímulo fiscal, a través del aumento del gasto público y reducción de impuestos, destinados a sostener la demanda, ante una situación de recesión.

Así, el presidente electo de EE.UU., Barack Obama, prometió la creación de 2,5 millones de puestos de trabajo durante los dos primeros años de su mandato mediante la construcción de rutas y puentes, la modernización de escuelas, la fabricación de centrales eólicas, paneles solares y vehículos más económicos. A esto hay que sumarle el plan aprobado recientemente que inyectará u$s700.000 millones.  

En tanto, los grandes países europeos aprobaron un colosal paquete de unos u$s2,5 billones para sostener los planes nacionales de rescate que permitirán, por un lado, garantizar los préstamos interbancarios y, por otro, recapitalizar a las entidades con dificultades.

Entre ambos planes, los países occidentales cuentan con una masa crítica de más de u$s3 billones para aplicar terapia intensiva al sistema financiero hasta que éste recupere la confianza y pueda funcionar en forma normal.

Japón implementará un plan de rescate que le costará u$s300.000 millones para intentar estimular el otorgamiento de créditos. El paquete comprende préstamos a las pequeñas y medianas empresas y la entrega de apoyo económico a familias por una suma total de u$s20.000 millones.

Impulso fiscal local
En este contexto de expansión de la política fiscal a nivel mundial, la alternativa elegida por el gobierno argentino consistió en anunciar un aumento del gasto a través de la implementación de un plan de obras públicas por $71 mil millones.

Sin embargo, según Delgado, tiene dos limitaciones: debe ser ejecutado rápidamente, en dos años, para que tenga efecto. Y, por otro lado, está el problema de cómo se financia.

China ha anunciado un megaplan de obras públicas, que aplicará rápidamente, hasta fines de 2010 y que incluyen la construcción de líneas de ferrocarril, autopistas, aeropuertos, un refuerzo al sector servicios y de agricultura y una modernización de las redes de suministro eléctrico, por el que inyectará u$s586 mil millones para impulsar la demanda interna y sostener un crecimiento fuerte.

Queda la duda de si Argentina está en condiciones de aplicar el plan anunciado tan rápidamente.

Por otro lado, los gobernantes recurren al ahorro y al crédito para financiar los paquetes de salvataje financiero. El plan argentino va a estar financiado solamente con recursos internos y difícilmente haya financiamiento internacional (salvo que se acceda al FMI o al BID).

Endeudamiento
Para Delgado, “hay una suerte de correlación entre el nivel de desarrollo y la posibilidad de defensa ante la crisis por la utilización de determinados instrumentos. El caso más extremo es EE.UU., que puede imprimir dólares y emitir deuda a tasa cero”. A partir del derrumbe de los mercados accionarios, los inversores se refugian en los bonos del Tesoro estadounidense, a pesar de que su rentabilidad se hizo casi nula.

En cambio, la Argentina no puede emitir deuda porque los mercados voluntarios están cerrados para ella y tampoco puede emitir pesos, como hace EE.UU., porque generaría inflación.

Eso es lo que diferencia a la Argentina con los países más poderosos que integran el G7 para enfrentar la crisis económica, según dijo el economista y analista internacional José Siaba Serrate: “Argentina tiene la deuda pública en default (o con perspectivas de default) mientras que las economías desarrolladas tienen un sector público solvente, una mejor reputación de su deuda pública y pueden utilizarla para cubrir los quebrantos que genera la crisis”, explicó.

Por lo tanto, la Argentina está en una situación difícil para sostener la demanda. No tiene ahorro, porque ha perdido capitales por u$s25 mil millones en los últimos doce meses (y sólo en octubre, u$s4.500 millones). Y no tiene crédito, como lo manifiesta la tasa de riesgo país.

Limitaciones para emitir deuda y poca ayuda
Si el país quisiera hacerse cargo de la crisis emitiendo deuda se enfrentaría con el rechazo o con una limitada aceptación. “La crisis ha dejado en evidencia la necesidad de un programa financiero. Por eso Argentina es la única economía que avanzó sobre los recursos de los futuros jubilados. En los demás países no se han implementado medidas similares, sino lo contrario: el sector público apuntala al sector privado”, dijo Siaba Serrate.

Además, la Argentina no recibe puentes de ayuda como México y Brasil, los países de América latina que están en mejor situación financiera. “La crisis requiere dólares, las empresas están endeudadas en dólares, y estos países pueden tener acceso a un stock de divisas mayor porque cuentan con un alto nivel de reservas, una balanza comercial positiva y el apoyo que les brindó la FED a través de líneas en dólares a cambio de moneda local”, dijo Siaba Serrate.

Liquidez de bancos
Todos los países del globo han inyectado miles y millones de dólares en el sistema financiero, ya sea capitalizando, rescatando entidades, otorgándoles liquidez o facilitando líneas de crédito para extender a empresas y consumidores.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) también ha ampliado sus líneas de descuento y de liquidez. Sin embargo, el crédito no se expande como lo necesitaría la nueva coyuntura.

“El problema es de demanda de préstamos por la incertidumbre generalizada de productores y consumidores. Los bancos están líquidos, pero nadie solicita crédito”, dijo Delgado.

Y agregó: “Falta un shock de expectativas que le dé al sector de la demanda señales de que la economía va bien”.

Es la gran discusión en la Argentina y en el mundo. La gente tiene que consumir para que se reactive la economía global, pero ante la incertidumbre, prefiere ahorrar. Son decisiones inconsistentes con las necesidades macroeconómicas. Pero las personas no tienen por qué entender estas cosas

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