Mendoza Economico

Opinión

Diciembre 1, 2008

El Mercosur frente a la crisis internacional

Compartimos con nuestros lectores la opinión de Aldo Ferrer, que publicará en un medio de Brasil y después en el diario del cual es director editorial, Buenos Aires Económico.

por Aldo Ferrer  - Economista

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El avance de la integración en el Mercosur y la ampliación de las relaciones políticas y diplomáticas en Unasur, abren posibilidades de cooperación para tomar acciones conjuntas frente a la actual crisis internacional. Sin embargo, las asimetrías de tamaño y  niveles relativos de desarrollo entre nuestros países y la diversidad de los contextos y políticas macroeconómicas son tantas, que esa posibilidad es limitada.

En definitiva, cada país tiene la responsabilidad primaria de responder a la crisis. En la medida en que cada uno sea capaz de poner la casa en orden, consolidar los equilibrios macro, fortalecer la competitividad y defender los mercados internos, tendremos más capacidad de crear espacios para usar las monedas locales, instalar el clearing e, incluso,  algunos fondos de contingencia y banca de desarrollo regional, en los cuales, países como Brasil y la Argentina serían aportantes más que demandantes, pero que serían muy importantes, por ejemplo, para Uruguay y Paraguay.

Es preciso también evitar que el impacto de la contracción de los mercados internacionales sobre cada uno de nuestros países sea trasladado, de unos a otros, dentro de la región. Es necesario evitar el proteccionismo intrarregional, pero también hace falta administrar el comercio, como sucede, por ejemplo, con el MAC (mecanismo de adaptación competitiva) entre la Argentina y Brasil.

La integración regional sólo es útil si las fuerzas del mercado son administradas para alcanzar un desarrollo equitativo y equilibrado. En tal sentido, es imprescindible, darle gran impulso a los programas de integración sectorial y a la política de inversiones dentro de los mismos. Tenemos que abordar conjuntamente el desarrollo de las áreas estratégicas, particularmente, en las actividades que operan en la frontera tecnológica. 

Nuestros países no tienen posibilidad  alguna de cambiar el mundo, pero sí una capacidad decisiva de decidir cómo estamos en el mundo. Históricamente no lo hicimos bien. Por eso, dos siglos después de la Independencia, seguimos siendo países periféricos y subdesarrollados. Tenemos que vivir con lo nuestro, descansar en el ahorro interno, defender nuestros recursos, consolidar los equilibrios macro, repartir mejor el ingreso y la riqueza, transformar la estructura productiva a través de la gestión del conocimiento y la integración de las estructuras productivas nacionales.

Esta empresa es, en primer lugar, un desafío que cada país tiene que resolver por sí mismo. Para poder hacer políticas comunitarias, los Estados miembros tienen que tener capacidad de ejecutar las políticas nacionales. Entonces, la integración y la cooperación en el Mercosur y la Unasur pueden fortalecer nuestras respuestas comunes frente al nuevo escenario internacional.

La posibilidad de expandir la demanda efectiva vía el déficit fiscal es limitada porque debemos mantener el superávit en las cuentas internacionales. En tal sentido, nuestros países no podrán, como la harán los Estados Unidos y otros países centrales, incurrir en sustantivos déficits fiscales para expandir la demanda efectiva y sostener la producción y el empleo.

El tipo de cambio de equilibrio desarrollista es esencial para fortalecer la competitividad de las economías nacionales. Deberíamos mantener un diálogo permanente entre los bancos centrales y las autoridades económicas, para administrar las paridades de las monedas nacionales, para que ninguno de nuestros países recaiga en la enfermedad holandesa, la cual sería particularmente fatal en las actuales circunstancias.

También es posible compartir experiencias referidas al financiamiento a través de la banca de desarrollo y de la  regulación de la banca que la impulse a expandir el crédito, sin desatender su liquidez y solvencia, pero tampoco permitir maniobras preventivas y la fuga de capitales.

Es necesaria una nueva arquitectura financiera internacional, pero esto lo decidirán las economías centrales y las emergentes con más peso, como China. Nosotros podemos dar buenos consejos, pero no mucho más. Sin embargo, debemos adoptar posturas bien fundadas y  solidarias en estas cuestiones.

La Argentina resiste bien la crisis financiera internacional porque se financia con ahorro interno sin crédito internacional, no ha habido burbujas especulativas y el reducido sector financiero está sólido y líquido. El Banco Central administra actualmente (a diferencia del régimen de convertibilidad) un sistema monetario fundado en la moneda nacional y tiene un buen  nivel de reservas, cercano a los u$s50.000 millones. 

El Estado ha recuperado capacidad de gestionar la economía y el Banco Central tiene los medios para regular el mercado de dinero y de cambios. El desafío es que esa capacidad esté al servicio de políticas que determinen que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro argentino sea la Argentina.

En los últimos tiempos, la salida de capitales ha absorbido el superávit del balance comercial sin que se desestabilice la situación interna, como sucedió en el 2001, con el consecuente colapso del sistema. La diferencia radica en que, en ese entonces, la economía estaba apoyada en la deuda y el crédito externo y, ahora, en superávits fiscales y de pagos internacionales. Pero este nivel de soberanía alcanzado debería lograr que el ahorro argentino se recicle internamente en la ampliación de la capacidad productiva y del empleo.

Todos los principales problemas argentinos actuales son de fabricación interna, no son el resultado de la crisis internacional. Asimismo, son más políticos que económicos. Tales, el conflicto del campo, la polémica sobre el régimen jubilatorio, la inflación y la apreciación cambiaria. El impacto de la caída de los precios de los commodities sobre el balance de pagos está por verse.

Existen factores estructurales, como la incorporación de centenares de millones de personas de Asia al mercado mundial y los biocombustibles, que sostienen la demanda. Sin embargo, cabe esperar que los precios no recuperarán pronto los altos niveles de los últimos tiempos. Esto exigirá políticas muy firmes para sostener los equilibrios macro, en particular, en los pagos internacionales.

Actualmente, el mayor riesgo para la actividad económica y el empleo en la Argentina es que el Gobierno, en dirección contraria a la política que permitió la recuperación de la economía nacional, siga una política de dólar barato y dinero caro. El país podría mejorar mucho la gestión de la política económica si existiera un diálogo político y un intercambio entre el Gobierno y los actores sociales y económicos, más fluido, y, sobre estas bases, lograr consensos amplios sobre cómo enfrentar la crisis mundial y seguir creciendo.

EN RESUMEN. ¿Qué enseñanzas nos dejan los acontecimientos actuales a países en desarrollo como la Argentina y Brasil?  En cierto sentido, nada nuevo. Concluir que para defenderse de las turbulencias externas es preciso tener la casa en orden, es decir, operar con sólidos equilibrios macroeconómicos en las finanzas públicas y los pagos internacionales. Concluir, también, que el desarrollo económico sigue siendo lo que siempre fue, es decir, la construcción de cada sociedad, en su espacio nacional, de las sinergias esenciales para desplegar su potencial de recursos, generando y asimilando el  conocimiento disponible. Vale decir, que los acontecimientos actuales vuelven a demostrar el papel fundamental de la densidad nacional de los países para vivir con lo suyo, abiertos al mundo, en el comando de su propio destino.

Una forma extrema de sentir el cine!

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