Busca evitar que comience a subir la desocupación e incentivar el consumo.
En base al menú de opciones que analizó la semana pasada, la presidenta Cristina Fernández anunciará una serie de medidas para mejorar la competitividad industrial, garantizar la estabilidad laboral y motorizar el consumo. Entre ellas se destacan las siguientes:
* Se declarará la emergencia ocupacional, generalizando los procedimientos preventivos de crisis. Las empresas de cualquier sector podrán acogerse al sistema. En caso de declararse en crisis, antes de despedir personal deberá presentar los tres últimos balances al Ministerio de Trabajo. Si se comprueba la caída de ventas, el Estado financiará el 25% de la nómina salarial de la firma, a cambio de la estabilidad de los puestos de trabajo por un período de 3 a 6 meses.
* Así quedará desechada la posibilidad de reestablecer la doble o triple indemnización como reclama la CGT.
* Se lanzará un plan para estimular la venta de automóviles baratos. Las automotrices ofrecerán el modelo más económico de la marca, con menos accesorios, a un precio reducido (hoy cuestan casi $ 40 mil y se publicitarán a poco más de $ 30 mil). Como parte del paquete para los consumidores, habrá préstamos a cinco años, con tasas fijas y subsidiadas por el Estado. Para tal fin el Banco Central licitará redescuentos (fondeo barato) entre los bancos que acepten colocar estas líneas de créditos prendarios.
* Se buscará que los depósitos a plazo fijo que administran las AFJP y que, a partir de la reglamentación de la ley de estatización, pasará a manejar la ANSES, tengan como contrapartida créditos a emprendimientos productos. En la actualidad, esos depósitos en bancos privados ascienden casi a $ 8.000 millones. También se volcarán recursos del fondo de jubilaciones que administra la ANSES al financiamiento de obras de infraestructura y de fideicomisos de consumo, el mecanismo de fondeo habitual de las grandes casas de electrodomésticos.
* Habrá una suba de los reintegros fiscales a las exportaciones de manufacturas de origen industrial. El tope de esos reintegros es del 6% y podría elevarse al 10 o 12%. La escala seguirá vinculada al valor agregado de la exportación. También se reforzarán las restricciones a las importaciones, en “sectores sensibles”, a través de antidúmping, licencias no automáticas y otros instrumentos.
¿ALCANZA? Con reintegros y barreras a las importaciones, el Gobierno intenta desdoblar el tipo de cambio, estableciendo un “dólar efectivo” más alto para los sectores industriales que lideraron la creación de empleos en los últimos años y hoy empiezan a flaquear. La pregunta es si alcanza. Algunos economistas kirchneristas –dentro del Gobierno– consideran que el dólar a 3,35 quedó atrasado frente a las devaluaciones en Brasil, Chile, México y otros países de la región. Y dudan sobre los resultados de incentivos fiscales que, como ensayó Cavallo durante la convertibilidad, apuntan a mejorar la competitividad industrial sin devaluar. Aunque comparten esa impresión, otros creen que la oportunidad de estabilizar el dólar en un escalón más alto se perdió. Consideran que ya se modificó demasiadas veces la estrategia cambiaria como para seguir ensayando: hacia mediados de año, se vendieron reservas para pinchar la cotización –por orden de Kirchner– a 3,05; desde fines de septiembre, el Central vendió más de 3.000 millones de dólares para acompañar suavemente la suba; en noviembre, se decidió no vender más reservas y restringir la demanda de bancos y empresas. “Ahora, si la sangría de depósitos se frenó, lo mejor es no hacer más olas y probar con las medidas fiscales”, explican.
La suerte de algunas industrias locales dependerá, en buena medida, de dónde se estabilice el dólar en Brasil. En los últimos tres meses, trepó 53 por ciento (frente a un 10% en Argentina), arrastrado por una monumental fuga de capitales extranjeros. Pero sin corrida de depósitos (en reales) de los brasileños de los bancos. Por esta horas, Lula estudia un blanqueo para repatriar fondos. Un dato que surgió de esa discusión en Brasilia pinta las diferencias entre los agentes económicos nacionales en uno y otro país. La economía de Brasil cuadruplica a la argentina. Pero los ahorros en el exterior de sus residentes llegarían “sólo” a u$s 70 mil millones, frente a los u$s 120 mil millones que, se calcula, atesoran los argentinos en el extranjero.