La crisis golpeó fuerte a los fondos de pensión en todo el mundo, y en especial en Chile, pionero de Latinoamérica en privatizar su sistema previsional y también afectado por la baja del precio del cobre, que cayó de 4 a menos de 2 dólares la libra.
Si en EE.UU., según el Centro de Investigación en Jubilación de la Universidad de Boston, las pérdidas en el ahorro de los futuros jubilados por sistema privado o público es de US$ 1,9 billón, seis veces el tamaño de la economía argentina, en el Mercosur también se resintieron los stocks de los sistemas de jubilación privados, que invierten los aportes -pensados para el retiro- en bonos, acciones, depósitos o fideicomisos para el consumo.
En Argentina, el Congreso debate volver al sistema de reparto universal y obligatorio, aunque queden cajas privadas voluntarias. Para el economista Julio Gambina, que participó en Venezuela de una reunión de la Redem (Red de Estudios Economía Mundial), los fondos de las AFJP argentinas “bajaron 22%, de 100 mil a 78 mil millones de pesos en cinco meses”.
Brasil, con el mismo sistema que ahora volvería a tener Argentina, aplaudió la propuesta del gobierno de Cristina Fernández. Y en Chile, cuyo sistema de jubilación privada “se vendió” como exitoso desde la dictadura pinochetista y en democracia, y que desplazó toda regulación estatal hasta una reciente reforma, ya inquieta a los futuros jubilados.
Un grupo de ellos, con abogados y el apoyo del senador Alejandro Navarro, inició una demanda colectiva pues en 2008 sus fondos perdieron US$ 25 mil millones. En datos de la Superintendencia chilena de AFPs: en un año pasaron de US$ 94 a 69 mil millones, 27% menos.
El temor por las pérdidas es global. Un economista del banco francés Natixis dijo a Clarín que en la reunión del G-20, hoy y mañana en Washington, “dentro de las nuevas regulaciones debería estudiarse en qué se le permitirá invertir y en qué no a los fondos de pensión”.
El senador Navarro dijo en Chile: “Le decimos a la presidenta (Michelle Bachelet) y a Andrés Velasco (ministro de Hacienda) que Chile no está blindado, particularmente los trabajadores y los fondos de pensión”. Y Orlando Caputo, de la Universidad de Santiago y Redem, señaló a este diario que “las crisis mundiales suelen golpear mucho a Chile. Pasó en la crisis del 30, en la de los 80 e igualmente ahora, porque su economía es una de las más abiertas al comercio exterior y al capital extranjero”.
Hugo Fazio, del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, Cenda, criticó la nueva reforma de 2007 (lanzada para dar una garantía de haber mínimo) porque “hizo que más fondos ingresaran y se engrosara el stock. El gobierno y las AFP manejaron mal el tema y deben asumir la responsabilidad. El ministro Velasco autorizó que 80% de los fondos pudieran salir del país. ¿Será bueno que esos ahorros se usen fuera de Chile? ¿No hay aquí proyectos rentables?”, se preguntó.
Caputo añadió otro dato. Si las AFP perdieron US$ 25 mil millones, otro tanto perdió el Estado “por menor ingreso de exportación de cobre, nuestro primer producto. Entre ambas cosas hablamos de US$ 50 mil millones, casi 40% del PBI, o el equivalente a dos presupuestos nacionales”.
Y agregó: “Los dos sectores de la economía real más afectados por la crisis global son construcción y automotrices, muy demandantes de cobre. Chile, que produce 36% del cobre mundial, debería defender los precios ajustando la producción, junto con Perú y Argentina”.