El presidente electo de EE.UU. está reunido con George W. Bush para acordar el traspaso de mando. Discutirán sobre economía y la guerra en Irak
Menos de una semana después de su histórica victoria, el presidente electo estadounidense Barack Obama se dirigió a Washington para conversar con el actual mandatario George W. Bush sobre los desafíos que le esperan cuando asuma el 20 de enero.
El líder demócrata arribó por la tarde a la Casa Blanca, donde fue recibido por su predecesor saliente y de inmediato ambos ingresaron al Salón Oval.
Así, se pone en marcha oficialmente una transición histórica en Estados Unidos. No sólo porque llega al poder el primer presidente negro, sino porque deberá hacerse cargo de un país en guerra, envuelto en su peor crisis financiera en ocho décadas, y con el mandato de millones de personas que en las urnas le exigieron el cambio que prometió.
Bush, cuya escasa popularidad ayudó a Obama y los demócratas a obtener una rotunda victoria en la elección presidencial de la semana pasada, dijo que hará todo lo que este a su alcance para ayudar al presidente electo en la transición.
“Garantizar una transición sin fisuras es la primera prioridad en lo que me queda de mandato”, dijo el sábado Bush en su mensaje semanal de radio. “En las próximas semanas, pediremos a funcionarios del Gobierno que brinden información al equipo de Obama sobre las principales cuestiones políticas, desde los mercados financieros hasta la guerra de Irak”, añadió.
Bush dijo que iba a mantener a Obama informado sobre las decisiones importantes que tome en los próximos dos meses, particularmente en temas relacionados a la convulsionada economía y la guerra en Irak.
Aunque Obama dejó en claro que Bush es el presidente hasta el 20 de enero, y que está trabajando para formar rápidamente el Gobierno y preparando políticas para poder “comenzar a trabajar de inmediato”, ni bien asuma la presidencia.
Bush elogió la victoria de Obama -hijo de un keniata negro y una estadounidense blanca- como un “sueño cumplido” para los derechos civiles. “Será una imagen conmovedora ver al presidente Obama, su mujer Michelle y sus hermosas hijas entrar por las puertas de la Casa Blanca”, dijo Bush la mañana después de la elección.
Los Obama tienen una reunión con Bush y la primera dama Laura Bush. Los presidentes entrantes generalmente visitan la Casa Blanca para conocer su futuro hogar y recibir información del presidente y la primera dama.
Pero el viaje de Obama es inusualmente prematuro en el proceso de transición, debido en parte a la severidad de la crisis económica.
Además, hace décadas que no se produce una transición de poder en tiempos de guerra, como ocurrirá ahora. Obama dijo que esperaba trabajar junto a Bush en el proceso. “Esto demuestra que aquí en Estados Unidos podemos competir duramente en las elecciones y desafiar las ideas del otro y sin embargo trabajar juntos para una meta en común una vez que terminó la elección”, dijo Obama en su mensaje radial. “Y eso es particularmente importante en un momento en el que enfrentamos los desafíos más duros de nuestra vida”.
La popularidad de los presidentes
La consultora internacional Gallup realizó una encuesta que muestra los bajísimos niveles de popularidad que tiene el saliente presidente norteamericano George W. Bush al término de sus dos mandatos, en contraste con las cifras del líder demócrata y flamante mandatario electo, Barack Obama.
Mientras que a Bush lo aprueba un 27% de la población consultada, un 66% desaprueba la gestión del republicano, informó Infobae.com.
En tanto, Obama, el primer presidente negro de la historia de los norteamericanos, muestra números totalmente opuestos: un 70% de la población aprueba su presencia en la Casa Blanca, mientras que sólo un 25% no ve con buenos ojos la llegada del demócrata a la sede de gobierno.
Por otra parte, un 65% de los norteamericanos tiene confianza en la próxima gestión de Obama, mientras que un 28% no cree que pueda hacer mucho frente a la crisis internacional.
Tal como lo demuestran estas cifras, la aprobación de la administración Bush está entre los peores niveles de los presidentes de los Estados Unidos en el último siglo.