Luego de un período en el que la cotización trepó en forma sostenida y logró un récord de u$s1.030 la onza, el dorado metal entró en una zona de turbulencias que aún no ha finalizado. Conozca la opinión de expertos sobre su probable evolución en el mediano plazo
Aún muy por debajo de su récord nominal de u$s1.030,80, alcanzado en marzo, y del máximo en dos meses de u$s931, la onza de oro al contado cotizaba el martes a u$s759,30, comparado con los u$s722,35 del lunes en Nueva York.
Entretanto, el contrato de oro para entrega en diciembre subía un 4,61% a u$s760 la onza. Con estos precios, el dorado metal rebotaba más del 7% desde su caída a un mínimo de 13 meses de u$s680,80 a fines de octubre, cuando los inversores liquidaron sus posiciones para afrontar sus pérdidas en los mercados accionarios.
Los especialistas aseguran que la última escalada respondió a que el dólar se está tomando un respiro frente al euro, y a que los inversores estaban atentos a la divisa -como antesala del resultado de la elección presidencial en los Estados Unidos-.
Sin embargo, previo al repunte en la cotización, varios factores habían empujado al oro a la baja en las pasadas sesiones, y la recuperación del dólar resultó una de las más significativas. Vale tener presente que esto es así porque el metal amarillo se mueve generalmente en dirección contraria a la divisa estadounidense.
La situación global juega en contra
De esta forma, podría quebrarse la tendencia iniciada por el metal amarillo desde 2001 -empezó ese año con un precio de u$s260 por onza-, conforme la economía mundial crecía y el dólar se debilitaba durante cinco de los últimos seis años.
La correlación entre el billete verde, primera divisa reserva, y oro, activo reserva por excelencia, todavía no se ha roto, pero puede que lo haga en el futuro si se cumple el escenario deflacionista que se viene descontando desde octubre.
El oro es un activo usado por los inversores en etapas de alta inflación, peligro que ahora cobra menos fuerza por la caída de las cotizaciones de las materias primas, especialmente el petróleo, por la debilidad de la demanda.
La posibilidad de que la deflación -caída generalizada de los precios por reducción de la demanda- sea una de las características de la etapa de recesión que atraviesan los países desarrollados también hunde los precios.
A las citadas circunstancias, se une una cierta debilidad de la demanda, pese a que en meses pasados -cuando el temor al crac financiero atravesaba los momentos más álgidos- el metal empezó a escasear en algunas entidades financieras alemanas.
La reducción que se detecta proviene, entre otros lugares, de India, el principal comprador de oro, básicamente debido a la debilidad de la rupia frente al dólar. Como consecuencia, la demanda en el último mes ha caído un 30%, según Bombay Bullion Association, que agrupa a traders de ese metal.
El oro como refugio de valor
Al oro se le considera el activo anticrisis por excelencia, así como el barómetro de la incertidumbre financiera, y también es el escudo contra la inflación.
Sin embargo, y pese a su enorme fama, en el largo plazo, el oro no es ni siquiera una forma confiable de protegerse contra la suba de los precios. La onza del metal precioso llegó a 850 dólares en enero de 1980, precio que no se volvería a ver hasta enero del 2008.
En el transcurso de esos 28 años, el oro tuvo altibajos, pero al fin perdió más de la mitad de su poder adquisitivo. Para que un inversionista de 1980 recupere su poder de compra ajustado por inflación, el oro tendría que llegar a u$s2.200 la onza.
Pero en el corto plazo, el resultado fue muy diferente. Su más reciente ciclo alcista empezó en agosto del 2007, cuando el mercado de la vivienda en EE.UU. empezó a debilitarse notablemente y alcanzó su máximo en marzo de este año.
En pleno vendaval financiero durante el pasado septiembre, con la quiebra de Lehman Brothers y las intervenciones sobre Merrill Lynch, AIG, Wachovia y WaMu, la onza de oro no sólo no se fue para arriba -siguiendo la lógica del dinero-, sino que luego se derrumbó.
“Siendo el último depósito de valor, creemos que tres variables pueden explicar los cambios sufridos en el precio del oro: el riesgo, la moneda y los precios de las materias primas”, explicó Francisco Blanch, estratega jefe de commodities para Merrill Lynch en un informe reciente.
Partiendo de este marco, el analista consideró que el oro se encamina hacia los u$s1.500 en tres etapas.
“En primer lugar, el estallido de la crisis de crédito en agosto de 2007 ha empujado inicialmente al alza al oro. Luego se generó una segunda etapa que se vincula a un proceso de debilidad del dólar y finalmente, cuando los mercados de divisas se estabilicen, la tercera etapa en la apreciación del oro podría estar dirigida por una recuperación del precio de la energía”, dijo Blanch.
El analista terminó curándose en salud advirtiendo del gran riesgo para que su escenario tipo no se cumpla. En tal sentido, “una muy amplia y duradera recesión mundial, con una espiral deflacionista podría reducir el atractivo del oro”, concluyó. Esta opinión es compartida por los analistas de UBS, que redujeron su valor objetivo de u$s 850 la onza a u$s795, para el próximo año.
Pronósticos
“La elección en EE.UU. podría tener un impacto en la relación euro/dólar y así indirectamente tendría también un impacto sobre el oro”, acotó Eugen Weinberg, analista del Commerzbank.
“Un alza del dólar liderada por Obama podría perjudicar al oro, pero los efectos probablemente solo serán por un corto período,” dijo Matthew Turner, analista del VM Group. A ello se suma la influencia positiva de las expectativas de nuevos recortes de tasas de interés por parte de los mayores bancos centrales del mundo.
“Los recortes de tasas (…) hacen al oro más atractivo porque las tasas reales de interés se están volviendo más negativas”, dijo Eugen Weinberg, analista de VM Group.
En este contexto, Standard Bank tuvo una visión positiva para los metales preciosos en el largo plazo, según informó el portal Oro y Finanzas.
“Atravesando la actual turbulencia, el estímulo es alcista para los metales preciosos, pero creemos que la actual turbulencia probablemente durará algunos meses más”, afirmó en una nota.
Como comprar oro
En los últimos años, los fondos de cobertura de riesgo dominaban el mercado, pero los individuos también incursionaron en el mismo.
“Hemos visto un cambio en la demanda; los inversionistas se han pasado de los contratos de futuros al oro físico, ya sea poseyéndolo directamente o mediante fondos de inversión cotizados”, puntualizó Suki Cooper, analista de Barclays Capital, en Londres.
Las monedas que se compran estrictamente por el valor de su oro, en vez de su valor numismático, se conocen como ‘bullions’. Muchos países las acuñan: Sudáfrica (krugerrand), Canadá (hoja de arce), China (panda), Austria (filarmónica) y Australia (canguro), entre otros.
Las diversas casas de la moneda calculan el número de monedas que esperan vender cada año y producen según la demanda. Hacia el fin de cada año, dejan caer sus existencias en tanto se preparan para la producción del año siguiente. En lo que va del año, el gran aumento de compradores las dejó escasas de monedas de alta calidad.
Una forma más barata de comprar oro es mediante algún fondo de inversión que siga al metal. Internacionalmente, el más popular es el Spdr Gold Shares, que cobra una comisión del 0,4 por ciento al año en honorarios, más una comisión de corretaje. En estos casos, el inversor posee el oro directamente.
Otra forma más barata es comprar oro a través de una cuenta colectiva, como las que ofrece Kitco. Como un fondo cotizado, vende acciones en una barra grande de oro almacenado.
Se paga sólo un poco más que el precio del oro al contado, y se vende de vuelta a Kitco por un poco menos. No hay gastos anuales. Como con los fondos cotizados, depende de que el fideicomisario del fondo colectivo respalde la garantía de este.
En el orden local, hay básicamente dos maneras de invertir en este metal precioso: barras –las hay desde 1 gramo hasta 1 kg, o de una onza (31,104 gr) hasta 10–, y monedas.
Por lo general, las barras y monedas se guardan luego en cajas de seguridad, aunque en algunas entidades, como el Banco Ciudad, incluso ofrecen un servicio especial para la custodia del oro.
“Se hacen operaciones a 3, 6, 9 y 12 meses. La ventaja de este servicio es que está denunciada la cantidad de barras o monedas depositadas, con lo cual, ante un robo, los inversores quedarían cubiertos por la entidad financiera, cosa que no sucede con las cajas de seguridad tradicionales”, apuntaron desde el Equipo Pignoraticio del Banco Ciudad.
Según coincidieron los expertos consultados, el oro suele ser para los individuos en general, una inversión más bien de largo plazo. “Hay dos tipos de inversores: el que mira la onza todo el día por Internet y especula en el corto plazo, y el ahorrista que busca seguridad”, detalló la misma fuente, que prefirió el anonimato